Artículo del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el
primer ministro británico, Tony Blair, publicado el 28 de noviembre en el
periódico EL PAÍS.
Una Cumbre para el futuro
Hace diez años, en Barcelona, los países de la Unión Europea y de la región
mediterránea se reunieron para forjar una nueva asociación en beneficio de
nuestros ciudadanos. Ahora, en la misma ciudad, los líderes de 35 países se
reúnen por primera vez en una Cumbre extraordinaria para discutir cómo ampliar
y profundizar en el Proceso de Barcelona. Es vital que tengamos éxito.
Afrontamos retos compartidos y nuevas amenazas. Nuestra región y el mundo están
cada vez más estrechamente vinculados. El azote del terrorismo nos ha golpeado
a todos -en Casablanca, Yerba, Estambul, Israel, Madrid y Londres y,
recientemente, en Sharm el Sheij y Ammán-. La emigración legal nos fortalece,
pero nos perjudica cuando es incontrolada o, peor aún, cuando la controlan las
mafias. El tráfico ilegal de personas, como el de drogas, no conoce fronteras.
Pero está claro que los flujos migratorios están motivados por las enormes
desigualdades de prosperidad y oportunidades, así como por la ausencia de
seguridad, democracia y derechos civiles. Tenemos que conseguir llegar a un
acuerdo sobre cómo gestionar apropiadamente los flujos migratorios, en
beneficio de todos los países afectados y en el de los emigrantes legales.
Todos estos temas estarán sobre nuestra mesa hoy. Subrayaremos los progresos
realizados en la última década, que hacen que Europa ahora mire más hacia fuera
y reconoceremos que todos ganamos con una mayor seguridad y prosperidad en la
región Euromediterránea. La ampliación de la UE ha contribuido a aportar
seguridad y desarrollo al continente europeo. Chipre y Malta, países
mediterráneos, ya han ingresado; Turquía es ahora candidato. La ampliación de
la UE, la Nueva Política de Vecindad y el Proceso de Barcelona han construido
relaciones políticas y comerciales más fuertes entre las dos orillas del
Mediterráneo. Pero debemos hacer más, hacerlo mejor y más rápidamente.
También hemos contribuido, pese a los altibajos del proceso de paz, a que
Israel, Palestina y sus vecinos, pudieran reunirse y trabajar juntos hacia una
paz justa y duradera. La UE mantiene su compromiso, a pesar de los obstáculos,
de respaldar la búsqueda de la paz. Estamos ayudando a mejorar las perspectivas
económicas de los palestinos y apoyando la construcción de las instituciones de
un Estado palestino, incluida la ayuda al proceso electoral y a la reforma del
sector público. Acabamos de aceptar la asunción del papel de una misión de
observación para la frontera entre Gaza y Egipto. Y, a través del Cuarteto,
seguiremos esforzándonos para que se aplique cuanto antes la Hoja de Ruta, lo
que permitirá la coexistencia pacífica y segura de dos Estados, una Palestina
democrática e Israel.
Pero no podemos ser complacientes. El Proceso de Barcelona puso en marcha el
proceso de reforma política y económica en la región, pero los derechos humanos
deben todavía ser respetados plenamente en todas partes y la sociedad civil
debe aún florecer tal y como pretendíamos. Hay un amplio consenso en el mundo
árabe sobre la necesidad de intensificar el paso a la modernidad y adaptar
gradualmente los marcos legales y las prácticas administrativas a las
necesidades de sus ciudadanos, así como a los inversores nacionales y
extranjeros.
La brecha de prosperidad entre la UE y sus vecinos del sur -de las más intensas
del mundo- no ha disminuido sino aumentado, lo que alimenta la frustración y
emigración del sur. Y sabemos que en los próximos veinte años será necesario
crear docenas de millones de empleos para proporcionar un futuro decente a la
juventud del sur del Mediterráneo.
Hoy debemos tomar decisiones urgentes para consolidar los logros alcanzados y
afrontar estos apremiantes desafíos. Tenemos que trabajar más intensamente para
promover la reforma económica, alentar las inversiones y eliminar las barreras
al comercio entre nosotros. Y es asimismo vital que logremos garantizar un
mejor acceso a una educación de calidad para todos, especialmente para las
mujeres y los jóvenes.
La Cumbre de hoy debe renovar nuestro compromiso político para alcanzar esos
objetivos y acordar medidas concretas que contribuyan a lograr un mejor
gobierno y un crecimiento más rápido. Medidas que serán respaldadas con la
considerable ayuda financiera de la UE. Debemos también garantizar una más
eficaz cooperación contra el terrorismo.
Como verdadero partenariado que es, el Proceso de Barcelona requiere consenso
para avanzar. Pero es esencial que logremos avanzar. Las generaciones futuras
no nos perdonarían si hoy no consiguiéramos adoptar las decisiones que
permitirán cambiar positivamente las vidas de centenares de millones de
personas en toda la región, aumentando las inversiones, la prosperidad, el
comercio y las oportunidades educativas.